Salvar el año escolar.

Actualizado: abr 1

“Más allá del optimismo presidencial, lo cierto es que la infraestructura representa un desafío que no se podrá sortear únicamente con buenas intenciones”.



La paralización de actividades que ha acarreado la defensa nacional para contrarrestar los efectos de la pandemia está, asimismo, afectando seriamente al sector Educación, pues, como se sabe, las clases escolares y universitarias se suspendieron totalmente a poco de haberse iniciado el año lectivo.

El presidente Martín Vizcarra graficó ayer el problema con claridad meridiana: “Las clases de los colegios se darán desde el lunes 6 de abril, pero obviamente no se van a poder hacer presencialmente, por lo que se realizarán de manera remota tanto en colegios públicos como privados. La propuesta es ambiciosa, va a haber oportunidad de mejorar la educación con tecnología, (aunque) vamos a tener problemas, pues no tenemos la infraestructura, pero con el esfuerzo de todos lo vamos a lograr”.


Más allá del optimismo presidencial, lo cierto es que la infraestructura representa un desafío que no se podrá sortear únicamente con buenas intenciones. Va a ser necesario capacitar aceleradamente a directores, profesores y personal administrativo de instituciones privadas y públicas, para que se familiaricen no solo con los recursos tecnológicos a los que se podrá acudir, sino también con metodologías que faciliten su uso y le saquen el máximo provecho a un ecosistema al que –por decirlo así– los educadores han sido arrojados sin una adecuada preparación.

Y el modelo educativo a distancia planteará otros desafíos –aparte de los que implicarán para los estudiantes y sus familias en cuanto a brecha tecnológica– que competen más bien a los proveedores de Internet, pues tendrán que ser incorporados prácticamente como socios de este proyecto, ya que su servicio deberá mejorar casi exponencialmente para estar a la altura de lo que la niñez y la juventud peruana necesitan.


Según el INEI, hasta 2018, solo el 52% de la población en el Perú tenía acceso a Internet, ello sin mencionar consistencia, ancho de banda o calidad de servicio. Nuestra geografía no facilita precisamente la conectividad en las regiones y los poblados más remotos, pero las dramáticas circunstancias que vive el país exigen darle un vuelco a esta situación.


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